Ventajas de vivir en Madrid – “La semana de la ciencia” –

 

foto la semana de la ciencia

 

El pasado jueves tuve el placer de asistir a un acto de los programados en “La semana de la ciencia” que afortunadamente dura dos, así que aún estamos a tiempo de aprender y disfrutar de algún otro.

Pues, como digo, asistí a una presentación /espectáculo en la Facultad de Química de la Universidad Complutense, aquí, en Madrid. Con sorpresa comprobé que el Aula Magna estaba hasta los topes de gente de toda edad, tal que incluso pensé si no sería en otro sitio.

La verdad es que mereció la pena enormemente, porque hay que decir que si desde el punto de vista científico no fue demasiado profundo el discurso (cómo tampoco podía ser), desde la perspectiva de charla atractiva y espectacular, no pudo estar mejor. Nos divertimos todos presenciando la explosión en llamas de globos llenos de hidrógeno que Dani (“La Ciència del Dani” en http://lacienciadeldani.wordpress.com/) iba tranquilamente explotando por toda el aula. Nos detuvimos a reflexionar sobre la importancia de la primera reacción química intencionada que ha realizado el hombre, que no es otra que el fuego. También recordamos – eso sí, en periodos suficientemente amplios para que nadie se cansara – la historia de la química pasando rápidamente de Aristóteles a los alquimistas y recordamos, por ejemplo, el escenario histórico del descubrimiento del oxígeno, o el nacimiento de la Tabla Periódica. Aunque la estrella de la tarde era Antoine de Lavoisier, Robert Boyle y su obra “El químico escéptico” tuvieron también su momento de gloria. Dani no sólo estableció un hilo cronológico a la presentación, sino que también examinó al público sobre la definición de reacción química, todo con experimentos “in situ” incluyendo voluntarios que se esforzaban en ser elegidos para participar. El ritmo fue bastante ágil para hacerlo entretenido y en fin, con suficiente detalle para que “quedase algo en nuestras cabezas” y ¡quién sabe! si alguna mente inquieta está buscando hoy el libro de R. Boyle.

Uno se pregunta si la ciencia puede estar al alcance de todos, si a estos eventos siempre van  los mismos, que son precisamente los que menos necesitarían ir, si una presentación con música y cierto aire de obra teatral como la del viernes pasado es útil o será recordada sólo como un espectáculo.

Sea como sea, con que haya un dos por ciento, como dice el anuncio de un banco, que (dejen la nómina donde está) sean atrapados por la química, o por la ciencia en cualquiera de sus disciplinas, además de acercar la ciencia al público en general, estos eventos habrán cumplido su misión.

Les aseguro que de patentes no se dijo absolutamente nada en este acto, pero como todo, por algo se empieza. ¡Empecemos por la ciencia!.

Esta semana aún están a tiempo de asistir, por ejemplo:

– a una actividad titulada “Enzimas  microbianas  para tratar de  mejorar  la  producción de papel reciclado”, el jueves 14 de noviembre, a las 10 de la mañana, o a las 12, (con reserva) en el Centro de Investigaciones Biológicas;

–  si no pueden moverse por la mañana, a las dos de la tarde habrá un taller sobre “moscas, peces y otros seres; buscando el origen de enfermedades congénitas en el hombre”, (con reserva previa) en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa -CBM – (CSIC-UAM);

– si se toman un fin de semana largo, pueden pasar el jueves 14 de noviembre visitando el Centro de Automática y Robótica (CSIC-UPM), a las 9 de la mañana en Arganda del Rey (con reserva previa) y el viernes visitar el Instituto de Ciencias Agrarias a las 9 en Serrano 115, o el Instituto de Cerámica y Vidrio en la calle de Kelsen 5, Madrid, a las 10 de la mañana;

– si  no  se han cansado de ciencia, el sábado día 16 y el domingo 17, aún  habrá algún científico incombustible esperándoles en el Real Jardín Botánico de Madrid, a las 11 de la mañana. Algunas plantas florecen en noviembre, como el clavel del poeta (Dianthus barbatus) o el lirio cárdeno (Iris germánica). Pueden consultar en http://www.semanadelaciencia.es/.

¡Qué se diviertan!

Seni Cueto